Por Vinícius Andrade y Mario Sergio Lima.

El gobernador del banco central brasileño, Ilan Goldfajn, ha recibido la aprobación de los inversores para reducir la tasa de interés de referencia del país a un mínimo récord el miércoles.

En momentos en que la inflación está en la banda objetivo, hay capacidad ociosa y menores distorsiones de precios, Goldfajn puede llevar la tasa Selic del país a 7 por ciento, alrededor de la mitad del nivel de hace apenas un año. El voto de confianza es una buena noticia para un país que lleva años de crisis en crisis y en particular para el banco central, luego de que su credibilidad se viera afectada como consecuencia de una serie de reducciones no oportunas que en 2012 contribuyeron a que la inflación volviera a desbocarse y preludiaron una rebaja de la calificación crediticia.

“La actual junta del banco central ha ganado la batalla de las expectativas”, dijo Mauricio Oreng, un estratega de Rabobank. “La situación difiere mucho de la última vez en que la tasa clave estuvo en un mínimo récord”.

La limitada presión de precios y una capacidad de crecimiento de alrededor de 2,3 por ciento –relativamente baja para la mayor parte de las grandes economías- le permite a Goldfajn bajar la tasa a un nuevo récord y mantenerla en ese nivel hasta fines del año próximo, mientras que la inflación permanece cerca de la meta de 4,5 por ciento, según una encuesta del banco central entre economistas. El ex gobernador del banco central Alexandre Tombini, en cambio, sólo mantuvo los costos crediticios en el mínimo récord anterior durante seis meses antes de embarcarse en un ciclo de endurecimiento.

“Brasil tiene una oportunidad excepcional en los próximos dos o tres años”, dijo Maurício Molon, economista jefe de Santander Brasil. “El hecho de que las tasas de interés y la inflación bajen apuntala la economía del país”.

A diferencia de Goldfajn, su predecesor Tombini enfrentó la presión política de la entonces presidenta Dilma Rousseff y su equipo económico para bajar las tasas a “niveles civilizados”. Siguió reduciendo a pesar de que la inflación superaba el objetivo y luego dio marcha atrás de forma abrupta en tanto los precios al consumidor subían en un contexto de conmoción externa de las materias primas. El fin del auge de las materias primas exacerbó el creciente déficit presupuestario y el debilitamiento de la moneda, lo cual, a su vez, impulsó la inflación.

También a diferencia de Tombini, funcionario público de carrera y banquero central durante mucho tiempo, Goldfajn, que tiene 51 años, estudió en el MIT, se desempeñó en el área académica, en consultoría y en el sector privado, por última vez como economista jefe de Itaú Unibanco, el banco más grande de Brasil por capitalización de mercado. Tombini no respondió las solicitudes de declaraciones.

Sin duda la política monetaria de Goldfajn enfrenta una serie de riesgos, en especial la incertidumbre en relación con la elección presidencial del año próximo y los intentos del presidente Michel Temer de reducir el déficit presupuestario mediante la reducción del gasto en jubilaciones. Goldfajn ha dicho que la aprobación de la reforma previsional que propone el gobierno es crucial para contribuir a contener la inflación y mantener las tasas de interés estructurales bajas a mediano plazo.

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