Por Andrew Mayeda

La cumbre del G-7 fue una película de terror para los globalistas. Esa misma semana hubo noticias más alentadoras.

Antes de que el presidente Trump se dirigiera a Québec para cambiar drásticamente los lazos con los aliados más cercanos de los Estados Unidos, su gobierno apoyó un préstamo de US$50.000 millones del Fondo Monetario Internacional para la Argentina, el más grande de la historia del FMI. El secretario del Tesoro Steven Mnuchin recibió con agrado el acuerdo, diciendo que apoyaba la visión de Argentina para transformar su economía.

EE.UU. también respaldó un aumento de capital de US$13.000 millones para el Banco Mundial en abril. Puede que Trump haya estallado contra el orden económico mundial, y Mnuchin ha dicho que el FMI debe hacer más para componer los desequilibrios comerciales, pero se tiene la impresión de que las dos instituciones con sede en Washington han escapado de la ira prevista del presidente. Hasta ahora.

“Las cosas han estado relativamente tranquilas” en el frente del FMI, dijo Thomas Bernes, un destacado miembro del Centro para la Innovación en la Gobernanza Internacional de Waterloo, Ontario, y ex director ejecutivo del Fondo. “Esa fue una sorpresa agradable”.

Aliado confiable

Hay motivos para dudar de que la calma perdure.

Rescatar a Argentina fue una decisión relativamente fácil. El gobierno del presidente Mauricio Macri llegó al poder después de más de una década de gobierno izquierdista. Los funcionarios del FMI apoyan sus políticas favorables al mercado. La Casa Blanca lo ve como un aliado confiable en América Latina, donde la hostilidad hacia Washington es profunda.

El préstamo de US$50.000 millones se aprobó después de sólo un mes de conversaciones. (Aún necesita la aprobación formal del Comité Ejecutivo del FMI.) No todos los potenciales prestatarios reunirán todos los requisitos.

Los grandes programas de préstamos a Grecia y Ucrania aún son motivo de discusión. Si se necesita firmar más cheques, el gobierno de Trump podría mostrarse más renuente que su antecesor.

Está claro lo que los colaboradores de Trump piensan del FMI y el Banco Mundial. John Bolton, asesor de seguridad nacional, escribió un artículo donde citaba un pedido de que el Fondo fuera abolido y ha sugerido privatizar el BM.

Leyendo entre líneas, también está bastante claro lo que el FMI piensa de la Trumponomics.

La economía estadounidense “está proporcionando mejor nivel de vida sólo a unos pocos”, dijo el FMI en su informe anual de país del año pasado. Desde entonces, el gobierno aprobó rebajas de impuestos que favorecen a los ricos, después de discutir con el Fondo por la política fiscal. El informe del FMI de este año sobre la economía estadounidense se conocerá el jueves.

Pero ninguno de esos desacuerdos ha pasado a mayores.

La diplomacia de la directora gerente del FMI Christine Lagarde y del presidente del Banco Mundial Jim Yong Kim ha mantenido abiertos los canales.

Esta semana, a la jefa del FMI le preguntaron sobre el giro proteccionista de los EE.UU. Respondió citando un consejo sobre el secreto de un matrimonio duradero: “En ocasiones es útil ser un poquito sordo”.

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