Por Bruce Douglas y Raymond Colitt con la colaboración de Samy Adghirni, Simone Preissler Iglesias, Rachel Gamarski, Gabriel Shinohara, Luisa Marini y Mario Sergio Lima.

El juicio político de una presidenta fue traumático. La perspectiva de dos consecutivos propagó el temor y la incredulidad por Brasil el jueves, mientras la policía federal registraba casas de políticos, helicópteros sobrevolaban la capital, los mercados colapsaban y un presidente desafiante Michel Temer declaró que no renunciaría.

Han pasado apenas 12 meses desde la destitución de su predecesora, Dilma Rousseff, por cargos de violación de las leyes presupuestarias. Las denuncias contra Temer también podrían terminar su mandato, si lo que el periódico O Globo informó es cierto: que respaldó pagos secretos al ex presidente de la cámara baja del Congreso.

La noticia explotó “como una bomba atómica”, según palabras de Alessandro Molon, político de la oposición. Se multiplicaron los llamamientos a la destitución del presidente. Temer estuvo encerrado en reuniones con asesores durante gran parte del día anterior a su discurso televisado, en el cual dijo que tenía la intención de seguir al mando y demostrar su inocencia. “Sé lo que hice”, dijo. “Sé que mis acciones fueron correctas”.

Para los inversores que se convencieron de su promesa de promover medidas de austeridad en un país que soporta la peor recesión hasta la fecha, la jornada supuso un duro golpe, con una caída del 15 por ciento en las acciones de la empresa estatal Petróleo Brasileiro SA, que está en el centro de la amplia operación de investigación de corrupción Lavado de Autos. Las pérdidas bursátiles totalizaron US$150.000 millones.

Los brasileños, desde hace mucho tiempo habituados al escándalo y la agitación, no están deseosos de más enfrentamientos legales y disputas políticas, tan reminiscentes de los tumultuosos meses que precedieron al juicio político de Rousseff. En una modesta galería de tiendas al aire libre en el centro de Brasilia, algunas personas dijeron que estarían mejor con el regreso a una dictadura militar.

Francisco Rodrigues Araujo, de 41 años, que vende ropa desplegada sobre una manta azul, tenía otra idea. Sugirió que Tiririca, famoso payaso de circo y diputado federal que se postuló al cargo en 2010 con el lema, “¡No puede ser peor!”, sea declarado presidente.

“Todos son payasos de todos modos”, dijo. “¿Por qué no poner uno al mando?”

La caída del país en su última crisis comenzó con el informe de O Globo el miércoles por la noche de que la Corte Suprema había recibido testimonio de que Temer aprobó el pago de un soborno para comprar el silencio de Eduardo Cunha, el ex presidente de la cámara baja y artífice del proceso de juicio político del año pasado. El jueves por la tarde, el sitio web del periódico publicó una grabación que dice ser de Temer mientras habla sobre el presunto pago.

El periódico dijo que el testimonio fue presentado por Joesley y Wesley Batista, los hermanos que dirigen el gigante de producción y procesamiento de carne JBS SA, como parte de un acuerdo de sentencia reducida en un caso de la operación Lavado de Autos. El tribunal está investigando las denuncias contra Temer y otras personas implicadas por los Batista como parte de Lavado de Autos, que comenzó hace tres años como una investigación sobre una trama de lavado de dinero manejada desde una gasolinera en Brasilia y estalló en un escándalo que ha empañado a la mayor parte del establishment político de Brasil.

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